Funfunfún
El otro tema de conversación es si sirven las fotos del fotomatón de la esquina. Que no, dice el poli del garito. Pero el fotografiado no se lo cree. Dos funcionarias fumando se abren paso y, se sabe enseguida que trabajan aquí por el poderío con que se mueven, poderío que dimana directamente de saberse dueñas de la cola.
De la puerta de extranjería entran y salen policías de paisano. Y yo que pensaba que el look de Pope y Charlie (El Comisario) era rebuscado... Aquí abundan las canas tapadas con Grecian 2000, espaldas anchas, pero, sobre todo, ademanes y miradas de megaduro. No he podido evitar pensar en mi amiga Angie Dickinson con sus gafas de Prada de patilla verde; estaría aquí tan ubicada como Ana Obregón dando clases de Biología a un grupo UAC (Unidad para Alumnos Conductuales / Unos Adaptados Curriculares…).

El funcionario de información –sin uniforme- ha dado el pistoletazo de salida haciendo pasar a cuatro aspirantes al vestíbulo. Uno de estos cuatro es una señora argentina a la que le ha preguntado si tenía la tanda. Como le ha dicho que no, la ha mandado de nuevo al rincón. Resulta que era la cuarta de la fila y no sabía lo que era “tener la tanda”, así que, una vez deshecho el entuerto, ha recuperado posiciones. Enfadada.
El funcionario ha hecho pasar a cuatro más, la señora argentina se ha enzarzado en una discusión con un listo y el funcionario, agobiado, se ha puesto a gritar:
-No se me desordenen, que cierro la puerta y aquí no se hace un puto carnet. Con perdón.
He sacado la libreta.
A todos los extranjeros que venían a buscar la tarjeta de residencia les faltaba un papel o se habían confundido de comisaría. Mi tanda se la he dado a un señor mayor y un poco "pallá", que dice que había perdido el DNI y que ha pasado el rato pisándose el pie derecho con el izquierdo y así, alternativamente. Cuando yo he salido, le tocaba, pero se ha negado a entrar. Venía a pasar el rato. Yo ya lo había fichado porque tengo un pasado de funcionaria de Ministerio y sé de la querencia de los jubilados por los vestíbulos de las delegaciones: hay aire acondicionado, bancos y gente. ¿Qué más se puede pedir? Hay alguno que hasta ha elegido un hall ministerial para morirse. Este no, cuando me iba, estaba vivito y pisándose mientras el funcionario ya tomaba cartas en el asunto: “A ver, no se me desordenen…”
La próxima vez que toque Larra, en lugar de explicarles a los alumnos el “Vuelva usted mañana”, se les lleva a sacarse el pasaporte y santas Pascuas.
Por cierto, hablando de Pascuas, yo lo que quería era desearles que las comidas familiares, el gasto inútil, las cenas de empresa, la sobredosis de strass y lentejuela, los adornos navideños y los villancicos ambientales (1) se les atraganten lo menos posible. No se me desordenen que aún faltan las uvas.
(1) Alguien tendría que alertar a los centros comerciales y a las tiendas al por menor de que el “funfunfun”, antes que incitar al consumo, puede provocar tendencias homicidas. Desde luego, a mí, lo que me vienen son ganas de hablar con el dj y pedir al Gamito.