Cómo conseguir un mote en dos segundos
RECUERDO 1
Año académico, 2004-2005. Examen de segundo de Bachillerato. Deben responder unas cuestiones acerca de un texto periodístico. Casi treinta alumnos. El veterano de la clase (ha agotado todas las repeticiones posibles), con sus veinte años a cuestas, levanta la mano. Es conocido como “mi Pedro” o “chiqui” de “chiquitín” porque así lo llama su madre.
Julieta: Si tienes una duda de léxico, dila en voz alta, aunque si puedes deducir el significado por el contexto, no te responderé.
Chiqui: Sí que es una duda de léxico, sí. Y por el contexto es imposible de deducir. ¿Qué es el himen?
Julieta: ¿Qué?
Toda la clase: Gummpfr
Chiqui: Que ¿qué significa himen?
Julieta: Verás, Pedro, creo que es mejor para ti que no sea yo quien te lo explique, ni aquí, ni ahora y además sí que se entiende por el contexto.
Chiqui: ¿Qué pasa? que ahora resulta que todos saben lo que es el himen…
Julieta: No insistas, Pedro, es peor.
(Julito, el amigo capullo levanta la mano)
Julito: Si me dejas, se lo explico yo.
Julieta: Procede.
(Julito cuchichea al oído de Pedro mientras toda la clase mira cómo el pobre se sonroja. A varias chicas les ha dado un ataque de risa imparable y yo veo que el examen peligra.)
Chiqui: (Como un tomate) Bueno, eso ya lo sabía, pero yo es que no lo llamo así.
Varios/as: ¿Y cómo lo llamas?
Chiqui: Pues, no sé, de otra manera.
Epílogo 1: ¿Hay peor manera de hacerse con un mote? Chiqui, el himen, tuvo que aguantar durante el mes siguiente que, cada vez que hacía una pregunta, la que fuese, no sé, ¿qué hora es?, alguno de sus amigos capullos le respondiera, “Himen menos cuarto”, por ejemplo. De intentar ligar con las de la clase, nada de nada y, no sé si se debió a eso o a que llevaba tres cursos abandonando en febrero, que aquel año adelantó su decisión a enero. Y que conste que era bastante listo.
Epílogo 2: ¿Qué qué tipo de texto pongo en un examen para que salga la palabra “hímen”? Bueno, ya saben que suelo utilizar el viejo truco de avivar su morbo para despertar su atención. Se pensarán los de Gran hermano que se lo han inventado ahora. Si ya lo decía don Juan Manuel, hay que mezclar la medicina con azúcar.
Y el texto era este:
Año tras año, tenemos que enfrentarnos a los anuncios que prometen erradicar para siempre la celulitis, cuando todo el mundo sabe que es más fácil recuperar la virginidad que perder esos entrañables bultillos de que muchas disponemos bajo la piel.
El himen puede recoserse prácticamente hasta el infinito, pero una buena celulitis adquirida desde la adolescencia permanece hasta el lecho de muerte. (Maruja Torres)
¿Se entendía o no se entendía por el contexto? Esta última oración tenían que analizarla morfosintácticamente, ¿a que la adjetiva de participio es divina? He vuelto a usarla en clase. Eso sí, previamente, les he explicado la anécdota y, visto que no han sonreído todos, seguro que le he ahorrado el ridículo a más de uno.
RECUERDO 2
Segundo de carrera, Zaragoza, mil novecientos ochentaitantos, aula supermagna, clase de comentario de texto, cienes de alumnos.
El profesor nos explica la vida y circunstancia de un poeta del cual estamos comentando un poema bastante explícito en lo que a sexo se refiere o no lo sé, no lo recuerdo bien.
Una alumna de sobresalientes, monjil y pelota, levanta la mano como hace siempre en busca del lucimiento. Si sólo fuera todo lo anterior, a mí, que tengo alma acogedora, me inspiraría compasión. Pero como además, lleva escrito becaria entre los rizos de pelo frito, es chula, prepotente y nos mira como si fuéramos purria, sólo me inspira maldad. La suerte está en que en el pecado llevamos la penitencia, y así pues, ella solita se cavó la tumba.
Levantó la mano, decía, e hizo aproximadamente la siguiente pregunta:
-¿Cómo es posible que digas que el poeta habla de hacer el amor si no están casados?
Como el profesor tardó unos segundos en digerir el alcance de la cuestión y la clase en reírse, la chica insistió:
- Digo, que no se puede hacer el amor si no estás casado.
- Mujer, poderse…, se puede.
EPÍLOGO 3: Otra que tampoco ligó en toda la carrera.
EPÍLOGO 4: Yo he perdido neuronas, pero seguro que la amiga Violante recuerda el mes del año, el nombre del poeta, el poema, y la frase exacta de la docta meapilas.