Aquí hay tomate
3, 07 de 2005-11-07 de 2005
Cada vez que empiezo tema en clase de literatura, hay un momento Salsa Rosa, que a mí, “personalmente”, me encanta, pero con el que hay que ser muy cuidadosa.
Si hay que hablar de un autor, pues habrá que empezar contando su vida, ¿no? Procuro no extenderme demasiado e incluir sólo los datos más relevantes que ayuden a contextualizar la obra, pero sin insistir mucho, de hecho, jamás les pregunto en un examen la biografía de nadie, me conformo con que lo ubiquen en el tiempo y en el espacio. Pero, ¿a qué viene tanta prevención? Pues las causas son varias, a saber:
1. Los adolescentes son muy curiosos por naturaleza.
2. Los adolescentes son muy morbosos por edad.
3. Los adolescentes son extrapoladores fallidos debido, básicamente, a que les faltan muchos datos sobre la vida misma y sobre el mundo en general. Es decir, nadie saca las cosas de contexto como un adolescente. No es que procesen mal los datos, es que se hacen con ellos un sayo a medida.
4. Los adolescentes de hoy en día ven mucha telebasura y esa sí que la procesan a gusto y bien. Tú dales la vida de un literato y en un minuto se te llena el aula de Marías Patiños y Calabuigs –en el mejor de los casos- y de Karmeles Marchantes y Jesuses Mariñas –en el peor-. Y yo, de repente, me encuentro transmutada en una mezcla de Ana Rosa (qué pena) y Jaime Cantizano, (Ane, no, que rubia no soy), allí, de pie, moderando, moderando. De Jorge Javier no me pongo nunca, que para encender su imaginación se bastan y se sobran solos. Y me pregunto, ¿cómo es que han interiorizado tan bien el patrón de conducta –no lo llamemos trabajo- de un comentarista del corazón y no mis consejos?
Estarán pensando que exagero, pero eso es porque no conocen suficientemente la vida de algunos escritores o porque no conocen suficientemente a mis alumnos.
Para muestra, vamos allá con varios botones.
1. Las vidas de los autores medievales, hasta el momento, no han suscitado mayor interés, puede ser porque se sabe poco, porque Don Juan Manuel no salía mucho, porque Jorge Manrique era un buen hijo (un poco tonto para algunos) (de mis alumnos, claro), o porque, todo hay que decirlo, las otras obras que hemos leído, eran anónimas.
Con el autor de La Celestina, Fernando de Rojas, se quedaron con las ganas. Después de haberla leído –en clase y con ayuda- y disfrutado del cóctel de brujería, sexo, dinero, amor y muerte, intentaban tirarme de la lengua. Que si “ese tío, cómo se pasaba”, que si “menudo pinta debió de ser”. Y yo, muda, que lo que los sabios filólogos no han inventado, no lo inventaré yo ahora.
2. Garcilaso de la Vega. De su vida hay pocos datos. Fue poeta. En su poesía hay amor, pero no sexo. ¿Verdad que en principio no se presta? Pues Claudio, un alumno dilecto de segundo de bachillerato, cerró un comentario de texto diciendo: “Así escribía Garcilaso, al que bien pudiéramos llamar Don Juan-cilaso de la Vega. Su mujer en España y él, en Italia, enamorando a otras, con su amigo el duque de Alba, que todos sabemos como son los duques de Alba…” Supongo que pensaba en Cayetano, que por aquellas fechas estaba en el candelero. Para poner vallas a la selva de su imaginación le dije que esa respuesta en Selectividad le iba a costar un cero porque no todos los profesores de literatura eran tan anchos de miras como servidora. Y tengo que decir, que no sólo aprobó la selectividad, sino que desde hace un año es un insigne filólogo hispánico y profesor, a su vez, de literatura en un concertado de un pueblo vecino. Cuando me lo imagino, me suceden dos cosas a la vez, noto que el tiempo pasa y me entra la risa.
3. La vida de Miguel de Cervantes les gusta y les da pena a un tiempo, que eso es lo que tiene ser un perdedor. Y además viene al pelo para que conozcan el método científico-mesmérico (Andrés Trapiello dixit) que consiste en contar la vida ajena según a ti te va en la feria y que ellos aplican sin saberlo y sin segundas intenciones. Qué duda cabe que un Miguel de Cervantes judío, prestamista y dragqueen resulta, en una época que tiene a Rimbaud y a Céline en los altares, bastante más atractivo que el pobre parapoco que se tira más de diez años asentando víveres. dice Trapiello. Y ellos insisten, "¿pero era gay o no era gay?"
4. Lope de Vega fue un figura y, para mis alumnos, una caña: padres humildes, varios matrimonios, muchas amantes, siete hijos sólo con una de ellas, soldado, miembro del Santo Oficio, sacerdote y escritor de muchísimo éxito. Y por si alguna alumna pacatilla ha quedado fuera de su encanto, se le murió un hijo. (“¿se quedaría hecho polvo, no?”). Tanto éxito tiene, que la última vez que hablé de su vida, los alumnos me venían con datos extras que yo no había considerado oportuno narrar. “¿Sabes que el tío, cuando lo dejó una novia escribió cartas insultándola y lo desterraron?” A mí sólo me faltaba darle paso a Lope en el teléfono de los aludidos.
5. Calderón de la Barca. ¿A qué en la foto parece un tipo serio?

A priori, nadie daría un duro por su futuro en “dónde estás corazón”. Pero, en realidad, todo este post ha empezado por su culpa. Tenemos que leer La vida es sueño y he recuperado el material de la última vez que lo estudiamos. Pues bien, entre los papeles, había guardado varios textos de alumnos. Y en uno de ellos encontré otro momento “tomate” de esos que les tengo prohibidos por escrito. Aun sabiéndose poco de su vida, se dice que fue excomulgado (te excomulgaban por cualquier cosa en el XVII), estuvo implicado en un homicidio, violó la clausura de un convento persiguiendo al agresor de un amigo… en fin, que su juventud ya daba para cuatro portadas de prensa rosa. Pero no fue eso con lo que se quedó el alumno cotilla. A propósito del monólogo de Segismundo (Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando…) dice mi alumno:
“Calderón (un poco más abajo ya lo llama Pedro) es pesimista, pero ¿cómo no iba a serlo si perdió a su madre de niño y tuvo que convivir con un padre muy sebero (sic) y autoritario?”.
El aprendiz de psicoanalista era un alumno hipersensible, le encantaba Catulo (Juvencio, te robé un furtivo beso /-a ti, que eres de miel- /aún más dulce /que la ambrosía dulce) y lo gritaba en clase delante de los machitos de primera fila y para eso hay que ser muy sensible, y, además, (me voy a poner yo mesmérica) adoraba a su madre y debió de ser por eso que, a pesar de la foto, se quedó con la copla de que lo que le pasaba a Segismundo/Calderón (pa ellos es lo mismo) era que se sentía un pobre huerfanito.
Menos mal que no les conté eso de que dicen que el propio don Pedro (o un antepasado) parecía haber nacido muerto y lo metieron en un caldero de agua caliente provocando su resurrección inmediata, porque para mí que es una leyenda urbana. Hubiera sido un momento Jorge Javier imperdonable y seguro que luego me hubiera encontrado con que el leitmotiv de La vida es sueño le venía a Calderón de acordarse de lo del caldero.
¡Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte!
Si hay que hablar de un autor, pues habrá que empezar contando su vida, ¿no? Procuro no extenderme demasiado e incluir sólo los datos más relevantes que ayuden a contextualizar la obra, pero sin insistir mucho, de hecho, jamás les pregunto en un examen la biografía de nadie, me conformo con que lo ubiquen en el tiempo y en el espacio. Pero, ¿a qué viene tanta prevención? Pues las causas son varias, a saber:
1. Los adolescentes son muy curiosos por naturaleza.
2. Los adolescentes son muy morbosos por edad.
3. Los adolescentes son extrapoladores fallidos debido, básicamente, a que les faltan muchos datos sobre la vida misma y sobre el mundo en general. Es decir, nadie saca las cosas de contexto como un adolescente. No es que procesen mal los datos, es que se hacen con ellos un sayo a medida.
4. Los adolescentes de hoy en día ven mucha telebasura y esa sí que la procesan a gusto y bien. Tú dales la vida de un literato y en un minuto se te llena el aula de Marías Patiños y Calabuigs –en el mejor de los casos- y de Karmeles Marchantes y Jesuses Mariñas –en el peor-. Y yo, de repente, me encuentro transmutada en una mezcla de Ana Rosa (qué pena) y Jaime Cantizano, (Ane, no, que rubia no soy), allí, de pie, moderando, moderando. De Jorge Javier no me pongo nunca, que para encender su imaginación se bastan y se sobran solos. Y me pregunto, ¿cómo es que han interiorizado tan bien el patrón de conducta –no lo llamemos trabajo- de un comentarista del corazón y no mis consejos?
Estarán pensando que exagero, pero eso es porque no conocen suficientemente la vida de algunos escritores o porque no conocen suficientemente a mis alumnos.
Para muestra, vamos allá con varios botones.
1. Las vidas de los autores medievales, hasta el momento, no han suscitado mayor interés, puede ser porque se sabe poco, porque Don Juan Manuel no salía mucho, porque Jorge Manrique era un buen hijo (un poco tonto para algunos) (de mis alumnos, claro), o porque, todo hay que decirlo, las otras obras que hemos leído, eran anónimas.
Con el autor de La Celestina, Fernando de Rojas, se quedaron con las ganas. Después de haberla leído –en clase y con ayuda- y disfrutado del cóctel de brujería, sexo, dinero, amor y muerte, intentaban tirarme de la lengua. Que si “ese tío, cómo se pasaba”, que si “menudo pinta debió de ser”. Y yo, muda, que lo que los sabios filólogos no han inventado, no lo inventaré yo ahora.
2. Garcilaso de la Vega. De su vida hay pocos datos. Fue poeta. En su poesía hay amor, pero no sexo. ¿Verdad que en principio no se presta? Pues Claudio, un alumno dilecto de segundo de bachillerato, cerró un comentario de texto diciendo: “Así escribía Garcilaso, al que bien pudiéramos llamar Don Juan-cilaso de la Vega. Su mujer en España y él, en Italia, enamorando a otras, con su amigo el duque de Alba, que todos sabemos como son los duques de Alba…” Supongo que pensaba en Cayetano, que por aquellas fechas estaba en el candelero. Para poner vallas a la selva de su imaginación le dije que esa respuesta en Selectividad le iba a costar un cero porque no todos los profesores de literatura eran tan anchos de miras como servidora. Y tengo que decir, que no sólo aprobó la selectividad, sino que desde hace un año es un insigne filólogo hispánico y profesor, a su vez, de literatura en un concertado de un pueblo vecino. Cuando me lo imagino, me suceden dos cosas a la vez, noto que el tiempo pasa y me entra la risa.
3. La vida de Miguel de Cervantes les gusta y les da pena a un tiempo, que eso es lo que tiene ser un perdedor. Y además viene al pelo para que conozcan el método científico-mesmérico (Andrés Trapiello dixit) que consiste en contar la vida ajena según a ti te va en la feria y que ellos aplican sin saberlo y sin segundas intenciones. Qué duda cabe que un Miguel de Cervantes judío, prestamista y dragqueen resulta, en una época que tiene a Rimbaud y a Céline en los altares, bastante más atractivo que el pobre parapoco que se tira más de diez años asentando víveres. dice Trapiello. Y ellos insisten, "¿pero era gay o no era gay?"
4. Lope de Vega fue un figura y, para mis alumnos, una caña: padres humildes, varios matrimonios, muchas amantes, siete hijos sólo con una de ellas, soldado, miembro del Santo Oficio, sacerdote y escritor de muchísimo éxito. Y por si alguna alumna pacatilla ha quedado fuera de su encanto, se le murió un hijo. (“¿se quedaría hecho polvo, no?”). Tanto éxito tiene, que la última vez que hablé de su vida, los alumnos me venían con datos extras que yo no había considerado oportuno narrar. “¿Sabes que el tío, cuando lo dejó una novia escribió cartas insultándola y lo desterraron?” A mí sólo me faltaba darle paso a Lope en el teléfono de los aludidos.
5. Calderón de la Barca. ¿A qué en la foto parece un tipo serio?

A priori, nadie daría un duro por su futuro en “dónde estás corazón”. Pero, en realidad, todo este post ha empezado por su culpa. Tenemos que leer La vida es sueño y he recuperado el material de la última vez que lo estudiamos. Pues bien, entre los papeles, había guardado varios textos de alumnos. Y en uno de ellos encontré otro momento “tomate” de esos que les tengo prohibidos por escrito. Aun sabiéndose poco de su vida, se dice que fue excomulgado (te excomulgaban por cualquier cosa en el XVII), estuvo implicado en un homicidio, violó la clausura de un convento persiguiendo al agresor de un amigo… en fin, que su juventud ya daba para cuatro portadas de prensa rosa. Pero no fue eso con lo que se quedó el alumno cotilla. A propósito del monólogo de Segismundo (Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando…) dice mi alumno:
“Calderón (un poco más abajo ya lo llama Pedro) es pesimista, pero ¿cómo no iba a serlo si perdió a su madre de niño y tuvo que convivir con un padre muy sebero (sic) y autoritario?”.
El aprendiz de psicoanalista era un alumno hipersensible, le encantaba Catulo (Juvencio, te robé un furtivo beso /-a ti, que eres de miel- /aún más dulce /que la ambrosía dulce) y lo gritaba en clase delante de los machitos de primera fila y para eso hay que ser muy sensible, y, además, (me voy a poner yo mesmérica) adoraba a su madre y debió de ser por eso que, a pesar de la foto, se quedó con la copla de que lo que le pasaba a Segismundo/Calderón (pa ellos es lo mismo) era que se sentía un pobre huerfanito.
Menos mal que no les conté eso de que dicen que el propio don Pedro (o un antepasado) parecía haber nacido muerto y lo metieron en un caldero de agua caliente provocando su resurrección inmediata, porque para mí que es una leyenda urbana. Hubiera sido un momento Jorge Javier imperdonable y seguro que luego me hubiera encontrado con que el leitmotiv de La vida es sueño le venía a Calderón de acordarse de lo del caldero.
¡Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte!
Jajajajajajaja
Pues no te creas que es mala idea filmar un "Tomate" con las vidas de los clásicos. Lo que ocurre es que igual los tertulianos no distinguían bien las burlas de las veras.
He de reconocer que yo me controlo cuando lo explico, pero aún así nombro a las "Cervantas" con otro tono y me detengo en explicarles eso que dicen por ahí de que Fernando de Rojas defendió a su suegro cuando lo atacaron de hereje por hacer un comentario tonto en una comida campestre. Ya se sabe, Américo Castro veía judíos conversos por todas partes, y éste que era confeso, aún se salvaba menos.
Genial tu asociación.
¡Qué diviiiiiino tu post!
¡Qué divino y qué prolijo! Tú y Violante estáis impaaaaraaableeesss...
Ya me explicarás lo del comentario tonto en la comida campestre. Aunque el dato tiene muchos puntos para convertirse en anacronismo en boca de alumno.
Julieta, recomiendo tu post a mis alumnas del Cap... ¡gracias! fantástico... ¿por qué no escribir un blog de ficción sobre la vida de uno de ellos?
Eres estupenda Reina, tus vidas de escritores me traen a la memoria y a la mano, otras vidas (más confusas), y si me dejas, aunque no venga muy al caso, transcribo una carta que no tiene desperdicio. La envió alguien que tenía que aclarar su nueva situación familiar (ocultaré nombres - por lo de la protección de datos-)
"Dice M C que no firma por que acaba de traer su primer hijo en Guinea y es un enfermizo (nació con defectos) y ella quiere incluirlo. Yo tengo un hijo, ya que el otro hijo no es mio ,le encontre con ella antes de que nos casáramos. El mes de mayo trendré otro recien nacido. Saludos. L."
Y no es una adivinanza.
Romeo, te quiere.
Mira que les tengo prohibido usar a mis alumnos el "ya que" hasta que no tengan el criterio formado (algunos, nunca). Luego pasa lo que pasa, ¡pobre M.C.!
Te beso, Romeo
Querida, ya sabes lo mío con la memoria. No dudes, pues, de que lo de la comida campestre de la familia Rojas lo oí yo en directo en el aula magna de la facultad. Apuntaíco lo tengo por ahí. O eso, o me lo invenataría...
Ya te contaré detalles, pero era algo similar a la escena de la vida de Brian en la que lapidan a un anciano por decir: "¡qué buenas están estas sardinas, por Jehová!". Y te puedo asegurar que vi esta peli después de estudiar La Celestina, que te veo venir.