De padres gatos, hijos mininos
7, 26 de 2005-10-26 de 2005
El universo está formado por universos pequeñitos a escala; y el instituto, que es un universito, está formado a su vez por submundos cerrados con sus órbitas y sus interrelaciones y sus reglas tácitas.
El submundo de la ESO estaba ayer conmocionado por una pelea que se produjo fuera del centro pero que hundía sus ramificaciones directamente en él.
Toni, alias el Chocho, hermano de una exalumna, Verónica, la Pu…(los alumnos me lo susurraban con puntos suspensivos), llevaba varios días haciéndole calvos (enseñándole el culo) al Kinder, hermano, a su vez, de Débora-hombres, la alumna sexymbol de 3º.
Harto de tal afrenta, parece ser que el Kinder le asestó dos puñetazos al Chocho que le hicieron saltar dos o cuatro empastes (aquí no se ponían de acuerdo las fuentes). No sé exactamente cómo, la madre y la hermana del Chocho fueron a pedirle cuentas al agresor, que las recibió bajándose los pantalones y huyendo –supongo-. Y digo “supongo”, porque la madre del Chocho y de la Pu… se las gasta, pero bien. En concreto es conocida porque hace unos años, agredió violentamente a una alumna que había discutido con su hija. La cosa acabó en denuncia y no salimos en la prensa porque la vida diaria no cabe toda en los periódicos.
Sigo. Como no pudieron pillar al de los puñetazos, parece ser que Verónica, la Pu…, juró vengarse en la hermana del agresor y eso fue lo que pasó ayer. La esperaba en la parada del autobús y cuentan que la pelea acabó en tablas. Débora perdió pelo en el encuentro, pero la otra recibió puñetazos certeros. Cada familia dejó la marca de su casa.
La cosa acabó en el hospital y en la comisaría, con actuación bochornosa de padres energúmenos por el medio.
He dicho que los alumnos estaban conmocionados, pero no he dicho extrañados, ni escandalizados. Tomaban partido, juzgaban los merecimientos, los pecados y las culpabilidades de unos y otros y se declaraban, ora Capuletos, ora Montescos, según iban sumando datos a la historia.
Hay que decir en su favor, que su visión del suceso era distanciada y razonable. Lo primero, porque casi todos sentían como ajeno el folletín (ellos no son de los que resuelven sus cosas a tortas), y lo segundo, porque –salvo excepciones- lo juzgaban desde el sentido común (¿qué hace un alumno de primero enseñándole el trasero a un chulito de tercero? y ¿qué hacen los padres de ambos azuzando la venganza y tomándosela por la mano?).
Es un hecho que existe violencia en la escuela, pero yo creo que, en cantidad y calidad, corre pareja a la del entorno social. Y no me atrevería a decir que las cosas empeoran constantemente y que estamos envueltos en una espiral de turbulencias como se deduce de los artículos que últimamente dedican a la realidad educativa intelectuales varios. No se puede olvidar que en esta historia de peleas salen hijos y padres. Y aquí viene al pelo una cita de Machado que les he explicado a mis alumnos:
En cierta ocasión, Juan de Mairena suspendió a un alumno con sólo mirarle la cara. Indignado, el padre acudió a la escuela para protestar: "¿De modo que a usted le basta ver la cara de un chico para suspenderle?". Y Mairena repuso: "A veces me basta con ver la cara de su padre...".
En cuanto a lo del alarmismo social, tengo otra cita de Mairena;
—Siempre está usted descubriendo mediterráneos, amigo Mairena.
—Es el destino ineluctable de todos los navegantes, amigo Tortolez.
(Corre por internet una antología de alarmismos antiguos, “jeremiadas”,dice su autor, que pronosticaban los mismos desastres que hoy resuenan. No sé, Se non è vero, è ben trovato )
El submundo de la ESO estaba ayer conmocionado por una pelea que se produjo fuera del centro pero que hundía sus ramificaciones directamente en él.
Toni, alias el Chocho, hermano de una exalumna, Verónica, la Pu…(los alumnos me lo susurraban con puntos suspensivos), llevaba varios días haciéndole calvos (enseñándole el culo) al Kinder, hermano, a su vez, de Débora-hombres, la alumna sexymbol de 3º.
Harto de tal afrenta, parece ser que el Kinder le asestó dos puñetazos al Chocho que le hicieron saltar dos o cuatro empastes (aquí no se ponían de acuerdo las fuentes). No sé exactamente cómo, la madre y la hermana del Chocho fueron a pedirle cuentas al agresor, que las recibió bajándose los pantalones y huyendo –supongo-. Y digo “supongo”, porque la madre del Chocho y de la Pu… se las gasta, pero bien. En concreto es conocida porque hace unos años, agredió violentamente a una alumna que había discutido con su hija. La cosa acabó en denuncia y no salimos en la prensa porque la vida diaria no cabe toda en los periódicos.
Sigo. Como no pudieron pillar al de los puñetazos, parece ser que Verónica, la Pu…, juró vengarse en la hermana del agresor y eso fue lo que pasó ayer. La esperaba en la parada del autobús y cuentan que la pelea acabó en tablas. Débora perdió pelo en el encuentro, pero la otra recibió puñetazos certeros. Cada familia dejó la marca de su casa.
La cosa acabó en el hospital y en la comisaría, con actuación bochornosa de padres energúmenos por el medio.
He dicho que los alumnos estaban conmocionados, pero no he dicho extrañados, ni escandalizados. Tomaban partido, juzgaban los merecimientos, los pecados y las culpabilidades de unos y otros y se declaraban, ora Capuletos, ora Montescos, según iban sumando datos a la historia.
Hay que decir en su favor, que su visión del suceso era distanciada y razonable. Lo primero, porque casi todos sentían como ajeno el folletín (ellos no son de los que resuelven sus cosas a tortas), y lo segundo, porque –salvo excepciones- lo juzgaban desde el sentido común (¿qué hace un alumno de primero enseñándole el trasero a un chulito de tercero? y ¿qué hacen los padres de ambos azuzando la venganza y tomándosela por la mano?).
Es un hecho que existe violencia en la escuela, pero yo creo que, en cantidad y calidad, corre pareja a la del entorno social. Y no me atrevería a decir que las cosas empeoran constantemente y que estamos envueltos en una espiral de turbulencias como se deduce de los artículos que últimamente dedican a la realidad educativa intelectuales varios. No se puede olvidar que en esta historia de peleas salen hijos y padres. Y aquí viene al pelo una cita de Machado que les he explicado a mis alumnos:
En cierta ocasión, Juan de Mairena suspendió a un alumno con sólo mirarle la cara. Indignado, el padre acudió a la escuela para protestar: "¿De modo que a usted le basta ver la cara de un chico para suspenderle?". Y Mairena repuso: "A veces me basta con ver la cara de su padre...".
En cuanto a lo del alarmismo social, tengo otra cita de Mairena;
—Siempre está usted descubriendo mediterráneos, amigo Mairena.
—Es el destino ineluctable de todos los navegantes, amigo Tortolez.
(Corre por internet una antología de alarmismos antiguos, “jeremiadas”,dice su autor, que pronosticaban los mismos desastres que hoy resuenan. No sé, Se non è vero, è ben trovato )
Está bien esto de encontrar bitácoras escritas por profesoras, las mujeres no abundan en la blogosfera, será por lo de la doble jornada...
Pero hasta ahora no había encontrado a nadie que se tomara la enseñanza con tanto sentido del humor y que narrase con tanta gracia el día a día de los institutos.
Enhorabuena.
Pues resulta, Elisa, que el humor no sólo te salva de muchas cosas, sino que es un excelente método de aproximación a los alumnos. Eso sí, ha de usarse con discreción y después de haberse hecho respetar.
Pero algún alumno me lo ha dicho, con lo que te ríes, tendrías que pagar por venir aquí.