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en el jardín botánico

En realidad, esto es sólo una prueba (sin fuego)porque no sé si el trabajo, la familia, los amigos y aledaños me dejarán un momento para bajar al jardín. Y además, si es que bajo, todos ellos vendrán conmigo. Porque este no es un jardín cerrado para pocos

¿Lo cualo?

10, 09 de 2005-10-09 de 2005
De todos los lapsus que colecciono (sólo me reservo algunos porque la fuente es inagotable) tengo dos entre mis preferidos.
El primero es múltiple porque el alumno (hoy flamante policía municipal) era una mina. Yo les había dado una narración incompleta y ellos tenían que continuarla. Trataba de un personaje que se encontraba muy angustiado en el interior de una habitación, a oscuras y acostado en una cama con dosel. Yo no pensé que el texto presentará ninguna dificultad hasta que llegué a la redacción de Juan Sobrino.
Comenzaba así:
La tela de la tienda de campaña se movía y dejaba pasar el viento (…)”
¿Una cama con dosel en una tienda de campaña?

“(…) Notó como el bello se le erizaba y palpando a tientas, por fin consiguió encender el dosel.”
Digo yo que sería más fácil incendiarlo.

“Cuando, después de mucho tiempo, recordaba la historia, todavía se ponía hecha una basílica”
¡El protagonista no sólo se había cambiado de sexo, sino que se había convertido en edificio!

Pero una de mis perlas preferidas, sigue siendo la siguiente. Quizás es porque data del primer año en que di clase –tutora de cuarenta eléctricos de primero de FP-, quizás es porque ahora me veo a mí misma con cariño, todo el año con mi inexperta boca abierta de asombro y horror. Quizás es que la perla es en sí misma una joya imposible.
Quizás es que esta fue una de las primeras veces en que un alumno me hizo preguntarme cómo era posible que después de 14 años de escolarización se pueda no haber aprendido nada de nada, posibilidad que todavía hoy constato y me sobresalta. Quizá es que cuando veo a su autor por la calle, lleno de pircings, la mirada un poco lela, con su coche tunneado y el chunta chunta a todo gas, me parece imposible que haya sido capaz de sacarse el carnet de conducir o de rellenar los papeles del seguro y tengo que volver a cerrar la boca y apartarme no sea del tanto por ciento ese que va sin seguro ni carnet.
Mis cuarenta wilts –treinta y nueve chicos y una chica que quería llegar a serlo- gastaban un vocabulario lleno de vulgarismos y, en una de las primeras pruebas que hice, preparé una lista de los más habituales con la intención de que los corrigieran y la esperanza de que se lo aplicaran a sí mismos. Estos eran algunos:

cualo
asín
haiga


Y esta fue la propuesta de mi Juan Pérez y conste que no pretendía ser gracioso, él no sabía hacer eso:

culo
sin
higa


Los demás, los dejó en blanco.

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