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en el jardín botánico

En realidad, esto es sólo una prueba (sin fuego)porque no sé si el trabajo, la familia, los amigos y aledaños me dejarán un momento para bajar al jardín. Y además, si es que bajo, todos ellos vendrán conmigo. Porque este no es un jardín cerrado para pocos

Juanetes o la adicción a los lapsus

11, 07 de 2005-10-07 de 2005
Antes de que El informal se regodeara recopilando los lapsus múltiples de Marujita Díaz y compañía, de que Xose Castro publicara en la red su diccionario de burradas, o de que descubriera las pichiponadas, yo ya era adicta a los lapsus. Probablemente se trata de una deformación profesional porque mi oficio es detectarlos en los textos de los alumnos, de hecho, todos los mestres lo hacemos, pero también hay aquí algo de vicio y, con mi amiga Violante, hacíamos intercambio. Y ahora que lo pienso, la afición creo que también me viene por parte de madre. En mi casa circulaba una antología materna formada por lapsus de vecinos y allegados que se había incorporado al idiolecto familiar en forma de frases hechas. Desde el "¡Digestión, digestión..., tanto con la digestión, nunca la himos hecho y siempre himos pasao!" (sic) de la tiá Tarzana (RIP), hasta los problemas que el tió Soberano tenía con su "nano" (orto, ano, ojete) o aquel "mi mama, más" que lanzó mi prima Tati el día en que las adultas presentes hacían recuento de los años que tenían y con el que mi madre nos reñía cuando mi hermana y yo discutíamos por ser las primeras en algo...

Y bueno, es por todo esto -voy a bajar de los cielos de Úbeda- que no puedo dejar de contar mi visita a la zapatería de esta mañana.
Estaba yo probándome unos zapatos de estos que se llevan ahora, de escote salón y aire retro, cuando a mi vera se ha sentado una señora de mediana edad. Ha elegido unos parecidos a los míos y después de un rato de quita y pon, va y le dice a la señorita zapatera.
-No sé, no estoy muy convencida, porque me gustan, pero me cubren el ojete.
- ¿Cómooorrr? -Ha dicho la señorita.
-¡Dios mío!- he pensado yo.
-Pues eso, que me aprietan el ojete.-Ha insistido la señora.
-Será el juanete -le ha sonreído de oreja a oreja la dependienta.
Y aquí viene cuando la clienta se ha puesto como un tomate y ha empezado a farfullar, a la vez que le entraba la risa:
-¡Ay hija! ¡Sabes qué pasa?... Que como lo uso poco... La palabra, digo, no el ojete...
A estas alturas, a las otras dos dependientas les había dado un ataque de risa y a mí también. Yo he acabado comprando los zapatos, la señora se ha ido sin ellos, pero con su ojete y su juanete y se ha despedido diciendo: "esto es digno del Tomate, anda que no lo vais a explicar hoy"
Y así ha sido.
Y ni quito ni pongo coma. Al revés, no puedo reproducir la risa contagiosísima de una de las chicas de la tienda, (exalumna mía) que todavía decía "me meo, yo es que me meo" y otras lindezas sobre el tamaño del ojete que el zapato cubría y que me ahorro de reproducir, cuando yo ya salía por la puerta.


El que esté libre de lapsus que tire la primera piedra.


Comentarios

  1. violante dice:

    ¡Pero, niña!, ¿tú a qué zapaterías vas? Mira que yo entré a la de los gitanos y no me pasó nada de eso. Me fui con mis zapatos de 25 euros que no veas qué rozaduras llevo...

  2. Conociendote con lo marimarcas que eres seguro que los zapatos son Manolos como los de Gema Ruiz (la excasqueta). Seguro que hace tiempo que nves el tomate. Lo del ojete me ha encantado. Tu no te preocupes te voy a traer unos Prada de Pequin (se nota que son buenos!) para que los pierdas en el ancla. Muac

  3. Si pierdo unos Pradas falsos en el Ancla, ¿qué clase de príncipe vendría a rescatarme? Miedo me da pensarlo.

  4. canitxi dice:

    me chiflas muchacha con tus prada,yo soy el preimero en rescatarte

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